El camino de la vida esta lleno de dificultades que uno va sorteando sin enfrentarse a ellas, creyendo que de esa manera llegará a la meta de una forma impecable y encontrará por ello la felicidad.

Sin embargo, estas dificultades se van añadiendo a nuestra mochila inconscientemente, y cuando nos damos cuenta la mochila es tan pesada que nos impide seguir avanzando. Son las sombras de las que habla Carl Gustav Jung.

En un momento dado uno debe elegir entre seguir con la carga a duras penas, o parar y vaciar su mochila, sacar las sombras a la luz y mirarlas cara a cara. Es cuando descubres que de haberte enfrentado a ellas anteriormente de manera consciente, tus pasos por la vida no habrían sido tan lastimosos.

Las fobias, las manías, los miedos en cualquiera de sus caras, o la enfermedad, son las consecuencias de llevar la mochila demasiado llena.

La psicología transpersonal es una vuelta enriquecida a los orígenes de la psicología de los tiempos de Sócrates. Tal como sostenía éste, la virtud es el resultado del conocimiento y el mal es fundamentalmente ignorancia.

Efectivamente para la psicología transpersonal la conciencia es el conocimiento que el espíritu humano tiene de su propia existencia. Es decir el hombre deja  de “estar”  y al hacerse consciente de su propia conciencia llega a  “ser”.

El “mal” es el resultado de la ignorancia de este proceso.

Por otro lado Sócrates sostenía que el hombre no era una unidad aislada sino que estaba en relación con sus semejantes. La psicología transpersonal ahonda en el tema y establece que el hombre está relacionado con todo lo creado, es decir con el Universo. Dejamos de ser meros observadores y tomamos consciencia de ser observadores participativos, en donde la propia observación decanta la realidad, lo material es un derivado de la conciencia. La física Cuántica da sentido a esta afirmación, que fue descubierta mucho antes por las culturas Orientales. La psicología transpersonal  sabiamente une estas dos corrientes: Oriente con Occidente.

Los conocimientos del terapeuta transpersonal no se adquieren en la facultad de psicología con técnicas terapéuticas convencionales, sino son aquellos que se aprenden cuando se ha bajado innumerables  veces al infierno, cuando se ha experimentado el dolor, el sufrimiento y la falta de expectativa.

El terapeuta transpersonal bucea en su interior y se encuentra cara a cara con sus miedos y sombras, u observa desbocado el ego no integrado utilizado como máscara narcisista en el gran teatro de la vida mundana.

Después de emprender el camino de búsqueda consciente de la conciencia me atrevo a poner un pie en el sillón del que observa y escucha, del que comprende y empatiza con el que sufre. Del que descubre al paciente como un espejo de su propia angustia.

O del que puede preguntar con la precisión de un cirujano, pues esas mismas preguntas me las hice un día y aun sigo haciéndomelas.

Lo único que separa al paciente de terapeuta es que éste empezó antes que el otro a hurgar en su interior.

El terapeuta transpersonal tras tomar conciencia del peso de su mochila y de la cantidad de  veces que hay que parar  para vaciar el contenido, brinda la oportunidad de ayudar a otros, invitarlos a detenerse en el camino y hacer lo mismo.